Se acerca el invierno y con ello uno de los picos anuales más significativos de las infecciones virales: la gripe, cuyo protagonista más común es el Virus Influenza.

La gripe produce un estado hiperdinámico en el organismo, esto es, aumenta la frecuencia cardiaca (taquicardiza); estimula el sistema nervioso autónomo simpático, encargado de producir sustancias que hiperactivan al cuerpo, lo que contribuye a la taquicardia, produce vasoconstricción (las arterias más pequeñas se hacen más finas) lo cual aumenta la resistencia al paso de la sangre (aumento de las resistencias periféricas), y así sube también la tensión arterial. No contenta la gripe con esto, además hace subir la fiebre, lo que por sí ya favorece un estado hiperdinámico al subir frecuencia cardiaca y tensión arterial para satisfacer las también aumentadas necesidades energéticas de los tejidos corporales, incluido el corazón.

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Por otra parte, las placas de colesterol de las arterias (placas de ateroma) son procesos inflamatorios crónicos que tienen lugar en la capa más íntima de las arterias (por supuesto las del corazón están incluidas), debidas al depósito de sustancias en las mismas (el colesterol LDL -el malo-, es el principal factor favorecedor de dicha inflamación). Pues bien, la gripe resulta ser un proceso proinflamatorio añadido propenso a la formación de trombos, lo que conlleva que esas placas de grasa se inestabilicen y resulte así más fácil que se genere un trombo en la superficie de dichas lesiones, siendo este el sustrato del infarto de miocardio. Añado que la gripe tiene efectos directos sobre el músculo cardiaco ya que se ha logrado aislar en muestras histopatológicas y moleculares al virus influenza, junto a cambios inflamatorios del tejido.

Se ha demostrado que la vacunación antigripal anual en pacientes que han sufrido algún evento cardiovascular, como por ejemplo infarto de miocardio (la prevención en este caso se llama secundaria ya que tiene lugar después de que haya habido un evento), disminuye la incidencia de nuevos eventos entre un 15-45% de los casos, tasa similar a la del abandono del tabaco (32-43%), a la de tomar estatinas (tratamiento del colesterol, entre un 19-30%) o a la del tratamiento antihipertensivo (17-25%), todos ellos, apunto, factores de riesgo modificables.

Para finalizar, invito a la reflexión: ¿habría que considerar la vacunación antigripal en personas que no cumplan los criterios de vacunación pero que presenten varios factores de riesgo cardiovascular añadidos?

 

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